CarlosRC jueves, 6 de mayo de 2010


Extraído de Carlos Iván Zúñiga Guardia, La Prensa Web
Porque no es una fecha para conmemoraciones livianas, el Día del trabajo motiva muchas reflexiones. Es una fecha destinada a recordar los sacrificios de los trabajadores de Chicago y de los trabajadores del mundo para lograr el reconocimiento de sus derechos como partícipes en la creación de la riqueza. No hay en la historia de la humanidad un esfuerzo más continuado y doloroso que el de la clase trabajadora por sus objetivos económicos y sociales. Ni hay país que en alguna medida no registre episodios dolorosos de atropellos y crímenes en perjuicio de los trabajadores. En algunas regiones de América los pueblos mineros, desde la colonia, el patrón y el soldado hicieron causa común para golpear al obrero y mancillar a los suyos. Suman millares los trabajadores del cobre, de la plata, del salitre y de todas las explotaciones mineras de la tierra que recibieron su sepultura o su carcelazo por haber reclamado un poquito de atención a su infortunio personal y social.
El Día del trabajo surgió como un homenaje a todos los obreros caídos. Es un homenaje al martirologio. Y es un rechazo a todas las manos asesinas de todos los tiempos. El 9 de enero es visto como un tributo a la soberanía, pero su trascendencia histórica es más perdurable por la sangre derramada. Victoriano Lorenzo fue un guerrillero de hazañas controvertidas en las campiñas y en el campo de batalla, pero lo que dio una dimensión inolvidable a su presencia humana fue el estúpido fusilamiento ordenado por las fuerzas opresoras. Sin esa particularidad, Victoriano fuera un caudillo de los humildes y una bandera de su partido, tal vez desteñida por el paso del tiempo como se encuentran hoy casi todas las banderas humanas de la Guerra de los Mil Días. Solo se les recuerda cuando tocan las trompetas de las conmemoraciones. La grandeza inmortal de Jesús encontró su pedestal en la cruz, en todos los tormentos sufridos y en la sangre derramada. Cruz y sangre en permanente emisión en pro de la redención humana. Yo no digo que la sola palabra de Jesús no bastaría para revolucionar el mundo y humanizarlo, lo que pienso es que la barbarie de los Césares y la cobardía de los Pilatos oprimen el corazón del hombre para que, desde el dolor, la palabra del redentor se convierta en luz perpetua para los cristianos.
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